
En la vereda Olarte, donde el campo respira vida en cada amanecer, vive Aura María Sicua. Su hogar, construido hace más de cuatro décadas, ha sido testigo silencioso de la fuerza con la que esta mujer campesina enfrenta cada día. Allí, entre paredes cargadas de recuerdos y tierra que huele a trabajo, germina su historia.
Aura madruga junto al sol. Apenas la claridad toca su ventana, ella ya está recorriendo sus cultivos. Romero, yerbabuena, menta, plantas que crecen gracias al cuidado que les dedica con manos firmes.
“Yo todas las mañanas me levanto y salgo a mis cultivos de hierbas. Les echo abono, tierrita, les doy amor”, asegura con una sonrisa que refleja orgullo.
La cosecha pasa luego a las manos de su hijo, quien se encarga de llevar la producción a la plaza de mercado. De ahí regresa el sustento diario: una cadena de afecto donde todo lo que nace en la tierra vuelve al hogar.
Pero durante mucho tiempo, el esfuerzo de Aura no bastaba para enfrentar las condiciones de su vivienda y con eso afectando su salud.
“Mi casa y mi cubierta no estaban bien, tenían muchos agujeros y hacía mucho frío”, recuerda.
La transformación comenzó cuando el programa de Mejoramiento de Vivienda Rural de la Alcaldía Local de Usme llegó hasta su puerta. Un equipo técnico y social evaluó su caso y decidió intervenir para devolverle a su casa la dignidad que ella siempre defendió con su trabajo.
“En la vivienda de la señora Aura se realizó el desmonte de la cubierta existente y parte del cielo raso para permitir mayor iluminación. También se pintaron los muros en vinilo color blanco”, explicó Angélica Bustos, profesional de la oficina de Infraestructura.
Desde entonces, la luz volvió a ser protagonista en su hogar. El frío dejó de ser un enemigo. Aura, emocionada, lo resume así: “La verdad, con esta cubierta estoy muy contenta. Eso estaba dejado, así vivía yo, hasta que llegaron ustedes”.
Mientras el sol se cuela ahora sin obstáculos por su nueva cubierta, también florece una certeza: en Usme, la ruralidad importa. Y se seguirá cuidando.
Así lo ratifica la alcaldesa local de Usme, Leidi Marcela Pinilla:
“Porque provengo de familia campesina, soy campesina y tengo claro el papel que jugamos en la sociedad. Nuestro trabajo sostiene este territorio. Mejorar la calidad de vida de nuestro campesinado es una prioridad”.
El programa continuará llevando mejoras a las veredas, con la meta de beneficiar a 50 hogares más. Porque construir calidad de vida también es sembrar esperanza.
Hoy, Aura mira su casa y se reconoce en ella: fuerte, luminosa y llena de vida—como sus plantas, como sus sueños.
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